sábado, 12 de enero de 2008

Tú me bailas el agua a mí... y yo te la bailo a ti

- ¿Dónde está María?
- Seguirá en la azotea. Yo nunca estuve a su altura.


¿Loca? Después de rozar la locura con la punta de los dedos me he dado cuenta de que sigo estando lo suficientemente cuerda como para perder la cabeza por alguien. Bueno... quizás, a veces, si le miro a los ojos, me deje llevar hasta el fin del mundo, donde nadie más tenga que decidir por nosotros... Pero sólo a veces. No, no sigas por ahí que tú ya me conoces y sabes de sobra que nunca me ha gustado depender de nadie. Lo sé, a veces soy incomprensible. Soy como uno de esos sudokus que vienen con el cartel de "novato" impreso y que te desesperan hasta ver la solución al día siguiente... o incluso al mes siguiente. Hay días que pienso que tiene que ser un defecto de fábrica no venir con un manual de instrucciones bajo el brazo. Que no, que no es miedo. Mi calendario no entiende de esos días en los que la pequeña Holly lo ve todo de color rojo. Días en los que se tiene miedo y no se sabe por qué... No, no creas que mi Tiffany's particular va a conseguir desteñirme un sólo día. Y no me mires así... entiende que después de todas las veces que he tenido que armarte y desarmarte, se me encoja el ombligo y prefiera cubrirme de armaduras para evitar otra ola de frío. Porque mi temperatura al verle pasar de largo se resume a eso, a grados bajo cero que me hacen perder el norte a pesar de tener el resto del mapa bajo mis pies. Ya lo ves, me vuelvo dual y ni siquiera sé qué estoy esperando. Sería capaz de patearme medio Ártico en un intento de helar mis ideas y dejar de pensar... dejar de pensar... Y tú... tú no sé cómo no te has congelado todavía. Vamos, te invito a un café de esos que hasta te saben bailar el agua. Caliente claro. Sin azúcar... sin aliento.

"Prefiero un beso de muerte o una mirada en la vena a un estado de cuerpo presente y carita de pena (...) las medias naranjas tienen su historia, pero no se exprimen solas" Carlos Chaouen.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Hoy... te quiero a ti

No, no esperes que hoy te escriba otra lista de todo lo que tenemos pendiente... Hoy no. No esperes que me dedique a malgastar la yema de mis dedos en palabras que difuminas hasta resumir en tan poco... Tampoco esperes que hoy, precisamente hoy, te cuente cómo he convencido a mis cuerdas vocales de que entren en parada por una noche; porque sé que si las dejo echar el pulso a su aire, van a terminar destapando una vibración que ya ha sonado bastante. Y estoy harta. Esta Navidad no te espero debajo del árbol... quiero que sea otro mi regalo. Ya sé que el paquete me vino con lazo hace meses, y que en estos días en los que otro número par nos pisa los talones el mundo se disfraza de generosidad, pero yo, que siempre nado a contracorriente, me siento inconformista. Te quiero a ti, a ti, a ti... y a ti también, aunque lo único que conozca de ti sea tu nombre. Asciende mi ego y creo sentirme capaz de cumplir mi deseo. Mantengo intáctos los pliegues de mi garganta; por si es verdad aquello de que no hay distancia si me fundo en tu silencio... o te fundes tú en el mío. Y aquí me tienes, gritándole al silencio de punta a punta, de norte a sur, desencajándome el brazo en un intento de rozar los rincones en los que te escondes, de rozar el papel en el que te envuelves... Una mano en el bolsillo y la otra rozando el cielo, que con los pies en la tierra es difícil volar cometas. Así que voy a ver si me invento un camino en el que poder soñar despierta. Voy a cerrar bien mis ojos, fuerte, muy fuerte, para ver todo lo que me ciegan los cientos de kilómetros que estorban entre tú y yo. Vístete de magia e ingenuidad. Hoy te quiero a ti. Tú eres mi regalo; y tú, y tú, y tú... Y quiero que aparezcas ya.

"Eres un peligro púbico, un hecho empírico a la vez que un cuerpo mágico, una fuente de calor en pleno Ártico... acordarse de ti es sintomático." Luis Ramiro.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Disfraz de noche

Me rindo, soy incapaz de dar sentido a todos y cada uno de los mensajes que me mandas en código rojo poniendo en peligro de extinción la promesa que siempre me hago contigo. Me rindo, esperando el momento en el que la luna sea la única luz que ilumine para que te cueles bajo mi edredón mientras yo intento debatir con la almohada el significado de lo insignificante, porque lo tuyo es un continuo enigma que no da tregua a mis noches, y me rindo, malgastando mi sueño en dar una explicación coherente a las señales que me manda el que ahora parece el par de ojos más sincero que han visto los míos. Rendida por todas las veces que intento descifrarte y me equivoco, otra vez, y otra vez vuelvo a repetirme lo ingenua que he sido al creer que ésta sería la definitiva. Inconformista cuando busco entre todas las palabras con las que intento componerte la equidad de sólo cruzarme contigo en las horas con las que se despide el día, los minutos en los que las agujas del reloj aumentan en velocidad mientras yo trato de agarrarme a tu mano pensando que, quizá, si me pego un poco más a ti, consiga acortar las distancias y retenerte de por vida. Y es inútil, despierto y mientras palpo el lateral que dejo siempre vacío me doy cuenta de que vuelves a convertirte en inalcanzable.
Descoordinada de todas las direcciones en las que se mueven las señales que salen de tu parte más sincera antes de llegar a bloquearse provocando un cortocircuito en tu cabeza. Ni siquiera estoy segura de necesitar todo este desequilibrio que provocan tus indecisiones... Qué ironía seguir sintiendo desde el otro lado de la línea mientras cuento las veces que me das y que me quitas, las veces por las que podría no encontrar ninguna razón por la que seguir esperando a que vengas, te disfraces una noche más y desaparezcas...

"Por qué no dejas de colarte entre mis sueños... por qué no dejo de pensar en ti... si te vas déjame cerrar la puerta que no quiero que entre nadie..." Rebeca Jiménez.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Magia es verte sonreír

A veces soy tan frágil... comienzan sonando los acordes con los que es inevitable acordarse de ti.
Un puñado de palabras fue suficiente para saber que merecía la pena probar suerte, para cerciorarme de que detrás de esa armadura, que ya había dado señales de su dureza, se escondía mucho más, tanto, que ni siquiera cientos de kilómetros de por medio son capaces de impedir ahora que te sienta a mi lado. Porque es aquí mismo donde tú te encuentras, tú y tus soliloquios, que me invitaron a escucharles mucho antes de que tú te dieras cuenta. Y no, ya no estoy segura de saber discernir entre azar y destino, pero lo que sí sé es que repetiría la misma locura una y mil veces, aun sabiendo que cada paso que avanzo contigo complica en grandes proporciones la espera del siguiente. Y las únicas culpables son esas pequeñas cosas que, como siempre has dicho, con el tiempo se hacen gigantes. Cosas como darme las buenas noches cada día, sin decir una palabra, antes de que tus ojos dejen de soportar el peso de tus párpados. Cosas como descolgar una noche el teléfono y escuchar al otro lado la letra de la primera despedida. Simplemente, cosas como que te empeñes en invitarme a un capuccino demostrándome que tu vena norte puede llegar a ser aun más persistente que la mía propia.
Y mientras tanto sigo sujetando con la yema de los dedos la paciencia con la que intento acercar el momento en el que todos los relojes de la cuenta atrás dejen de marcar los miles de segundos que me impiden ser yo quien te ofrezca un café. Marcadores a cero y esta vez soy yo quien te da la sorpresa, que las tuyas empiezan a convertirse en rutina por todas las veces que me hacen plantearme si realmente quisiera tirar del lazo que sujeta tu envoltorio o si preferiría seguir siendo víctima de esa magia que haces tan real a poquito que me recuerdas que podría pasarme una vida entera intentando descifrar tu jeroglífico. Magia cuando no dejas de sorprenderme, magia cuando leo todo lo que teclean tus manos sobre un fondo negro, magia cuando escucho las últimas notas que han salido de tus seis cuerdas, magia cuando me dices que todavía estás conmigo... Magia es verte sonrerír.

Magia es probar a volcar lo que hay en el fondo de ti, magia es verte sonreír... Magia es probar a saltar sin mirar, es caer y volver a empezar... Rosana.

martes, 13 de noviembre de 2007

Inerte

Hace días que llevo intentando traducir en forma de palabras algo que, inexplicablemente, se cuela por los poros de mi piel cada vez que me cruzo contigo. Encuentro tu mirada entre todos esos pares de ojos que circulan perdidos por cualquier parte y, de todas las tonterías que revolotean por mi cabeza, elijo la más absurda, la de rehuirla en un intento de disimular todo lo que te he confesado en un abrir y cerrar de ojos. Y sólo sé que no sé nada; y mientras tanto el mundo gira, dirían algunos... pero no, el mío deja de dar vueltas y permanece inerte, paralizado por alguna extraña razón que hace que todo lo que no tiene que ver contigo carezca de importancia y desaparezca, siendo tú y yo los únicos supervivientes de esta realidad. Tú y yo... me siento en mi nube azul dejando via libre a la imaginación y dibujando un pronombre compuesto, pero pierdo el equilibrio y me doy cuenta de que he vuelto a tropezar con la rutina de confundir tus sonrisas. Contigo a mi lado sin estar a tu lado. Y me pierdo aun más en el intento de dejar de medir cada palabra que te digo, dejar de medir cada gesto articulado por miedo a que me delate, a que te des cuenta de lo difícil que se me hace ser impasible a tus caricias. Intento también dejar de darte el papel principal de todos los temas que rellenan la estantería de vinilos clasificados para escuchar los días en los que ni siquiera las notas de la mejor melodía te hacen flotar, y no sirve de nada. Tampoco creo que esté pidiendo tanto. Sorpréndeme con alguna de tus miradas inesperadas y me olvido de todo, inmóvil, preguntándome si te darás cuenta de lo que está pasando, de la dificultad que supone el insinuarte una mínima parte de lo que mi lateral izquierdo reproduce en forma de latidos.

"Ya lo sé, que no es fácil, a veces, hacerme la muerta en tu vida, que si floto por dentro es para recordar que estoy viva... navegando por cada recuerdo, pasando los días contigo a mi lado sin estar a tu lado... todavía" Tiza.

domingo, 28 de octubre de 2007

La cuenta atrás...

Siento no poder llevar esto tan al día como quisiera, pero últimamente el tiempo es un recurso escaso para mí, así que os dejo la banda sonora de estos últimos días...

viernes, 5 de octubre de 2007

Tic-tac, tic-tac...

Una llamada inesperada en mitad de la noche. Gritos, gritos, saludos, gritos y más gritos. Y una voz... y muchas voces, pero una especialmente conocida, y aun así, en ese momento, ponía más empeño en descifrar tus palabras que las que seguían los acordes marcados por la inconfundible Gibson.
Un escalofrío consiguió erizar hasta el último poro de mi piel mientras tu recuerdo venía a mi cabeza; y el tuyo, y el tuyo, y el tuyo... Hubiese dado más de lo que pudiera por tan sólo un minuto de tu compañía. Sesenta segundos hubieran bastado para confirmar que sentirte tan cerca, a tantos kilómetros de distancia, puede ser tan real como un paseo por algunas de las calles más extravagantes de Madrid que, no sé muy bien qué tendrán para que con tan sólo dos billetes de ida y vuelta, hayan logrado calar hondo.
Me siento incapaz de prestar atención a la banda sonora que ha acompañado mi día a día, y vuelven recuerdos en forma de diapositivas. Y río... río por no llorar, porque nunca he sabido dar rienda suelta a mis emociones delante de unos pares de ojos tan atentos. Así que lloro por dentro, sin saber con certeza si mis lágrimas son amargas ó, si acaso, emergen de felicidad. Sensaciones tan distintas en tan poco tiempo... Creo que mis ideas empiezan a desmoronarse, y sólo me queda razón para pensar en un tercer billete... pasajeros, más allá del límite de nuestras fronteras, circulamos.

"Perdí cientos de horas en buscar un lugar donde tocar el suelo y encontré dos mil palabras que guardar, y vi toda mi vida alrededor. Canté cien escogidas al azar, sonó como si ya existiera. Grité las que no me gustaban y vi que sólo hablaba de los dos..." Iván Ferreiro.