sábado, 12 de julio de 2008

Con la Luna en los zapatos

¿Has subido alguna vez a la Luna? Yo sí, me acabo de patear media. O menguante, como quieras decirlo. Me he sentado en el vértice de mi hemisferio lunar y me he dedicado a mirarte de reojo. A ver si así, a miles de millones de años luz, soy capaz de devolverte todas las mitades que han dejado de complementarme. No sé si lo he conseguido, pero te aseguro que por un instante me he sentido incompletamente completa, como si los hilos de los que te he hablado alguna vez empezaran a sentir vértigo y fueran perdiendo consistencia hasta desenredarse por completo. Y justo ahí, entre revoluciones sinódicas y siderales, he dejado que una estrella me metiera mano y lanzara al vacío todas las medias naranjas exprimidas y las mitades gemelas de diferente alma. A estas alturas del planeta, soy perfectamente consciente de que tu cuerpo y el mío nunca han llegado a formar una única figura simétrica.
¿Sabes? Me parece que desde aquí arriba los colores de la Tierra se vuelven de un tono más transparente, me explico; es como si ahora que he atravesado la capa de ozono y que aumenta la escasez de oxígeno, comprendiera que, realmente, las veces que compartíamos aliento, ni siquiera éramos capaces de mantener una única respiración. Y no, no estoy buscando culpables, pero te he visto correr hacia la orilla hasta calarte los pulmones de salitre, y me he dado cuenta de que mientras tú te dedicabas a buscar el mundo, yo encontraba el universo en los posos de tu café. Ahora me toca pedir a mí; sólo y con sal, para la resaca de recuerdos.

"Ya lo sé... nada importa tanto, ya lo sé... fuimos sólo corazones de alquiler." Rebeca Jiménez

jueves, 26 de junio de 2008

Punto pelota

Empate a cero. Ni más ni menos. Llevamos casi dos años de prórroga y soy incapaz de comprender tus tiros a puerta. Aunque sabiendo que siempre llegas con el Sol, supongo que la mejor defensa para el campo del olvido sería la huelga de corazones. Sí, yo también he preferido alquilar uno para estos meses en los que el calor altera los latidos de algunos y obstruye la arteria aorta de otros. A mí es que contigo suele terminar pasándome lo segundo, y quedarme vacía por dentro cuando el mío comienza a asfixiarse en pleno agosto, empieza a pesar demasiado. Empiezo a sudar demasiado... y tú y yo nos seguimos quedando en cuartos. En tus cuartos. Y a mí, que ya me he aprendido todos tus regates de memoria, me siguen goteando las entrañas. Me sigue resultando sencillamente incomprensible el hecho de que tu habilidad de entrega y devolución rápida del balón desequilibre la gran mayoría de mis jugadas.
A mí me gustaría decirte que no te necesito, que la próxima vez que nos veamos yo misma sacaré la tarjeta roja del bolsillo de las despedidas y que meteré en una pelota del tamaño del asteroide B 612 todos los fuera de juego que he ido sumando por acercarme más de lo pensado. Sólo eso. Los recuerdos creo que me los quedaría yo, porque a estas alturas del partido me recuerdan a ti más que tú. A mí me encantaría que fuéramos capaces de un último tiro penal. Sin barrera, sin distancias; y con la máxima seguridad de atravesar completamente la línea de meta. Y una vez ahí, entre los postes laterales de tu izquierda y de la mía, enredaría los latidos para no tener que volverlos a coser cada próximo verano. Te ganaría y punto. Punto pelota.

"¿Tienes un cigarro? ¿Qué me das a cambio? Se pide por favor... Yo te doy el mundo a largo plazo y a corto un trago de ron... Y entonces se rió" Luis Ramiro.

martes, 10 de junio de 2008

Camaleónicos


Odio las noches frías y las que sólo calientan hasta media noche. Odio seguir siendo "La Cenicienta" y odio seguir acumulando excusadas calabazas. Odio que me despiertes, sobre todo cuando no estás... Aunque ahora que sé que los sueños forman parte de la realidad, lo fácil sería el insomnio. El otro día me dijeron que los sueños ni son sólo ni todo lo que parecen. Y yo me lo creí... ese es el problema, que siempre termino creyéndote a ti también. Deben de ser las consecuencias de todas las gilipolleces que me enseñaban en el colegio, como lo absurdo de racionalizar el sinsentido, "la materia ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma" (...) A mí me parece que tú y yo somos un poco camaleónicos, y eso, más que transformar, nos trastorna. A estas alturas de locura me sobran todos los sentidos; contigo hace tiempo que he perdido la cabeza...
Me agotas. Se me están enfriando las manos de escribir a tu soberbia. Sí, tu soberbia. Contigo he pecado multiplicado por siete y sigo temblando de frío. Deberíamos pensar en inventar otra manzana prohibida. Y morderla con piel tú primero, que yo ya estoy hasta las pelotas de jugarme por ti la mía. Y ya que tenemos algo de camaleónicos, deberíamos cambiar el rojo pasión por el verde misterio, porque si a la lujuria le sirve eso de que todo lo escrito deja de estar vivo, lo nuestro tendrá que ser de un color indescifrable.
Me parece que te estoy empezando a odiar a ti también... Y qué más da, si es teniéndote a menos de un metro como se me templan los pulmones. Y si no respiro duele mucho más.

"Normal es que cuando me miras la vida me da seis vueltas de campana... lo fácil sería desquererse, pero ¿quién rebobina este cuento? Difícil mirarte a la cara mientras doy pedales contra tu recuerdo..." Marwan.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Out of time

Bonito a los ojos. Mmm... sí. Definitivamente me alegras la vista. Ni te conozco ni quiero conocerte. Y te aseguro que ya has hecho por mí más de lo que han hecho personas a las que conozco más de lo que debería... No sé cómo te llamas ni si eres de aquí o de allá; estos últimos meses lo único imprescindible ha sido verte aparecer (casi) de sorpresa. Te lo escribo entre paréntesis porque ya que lo único que entendemos el uno del otro son nuestras miradas, no sería justo ser infiel a la sinceridad. No quiero mentirte, pero a veces nuestras casualidades carecen de principio de casualidad.
No me preguntes por qué, pero hay personas desconocidas que sólo con mirarlas inspiran confianza. Te he prometido jugar limpio y te aseguro que las distancias son una puta mierda, sobre todo cuando sumas kilómetros entre tú y los que, con el tiempo, han aprendido a entenderte. Hay días, demasiados, en los que no me levanto ni con el pie derecho ni con el izquierdo. Simplemente me levanto y, con el alma entre los dedos, busco uno de esos desconocidos que me la pueda ir cosiendo. Aunque sea a petachos. A ti no te busco porque de momento prefiero que sigas siendo un poco invisible a los ojos. ¿Me sigues, no? Y a los otros, a los "sobreconocidos", que son los que se quedan pegados a la retina día sí y día que parece que no pero que termina siendo que también, que les den a gusto de consumidor. Que yo, como a estas alturas de la vida me queda mucho por aprender, me voy a dedicar a parpadear para ir quitándome los pegotes, que si soy capaz de hacerlo con el telescopic en las pestañas, no puede ser tan complicado.
Me dueles. Me dueles tú y me duelen las excusas. A veces me olvido de que lo mágico de la magia es que el truco también es invisible a los ojos. Y entonces te echo de menos. No lo entiendo, ¿cómo se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido de más? Sigues haciendo magia... Bendita locura. Un día de éstos hago magia yo también y me dedico a ver un poco más allá.

"20,000 seconds since you left and I'm still counting... and 20,000 reasons to get up, get something done, but I'm still waiting..." K's Choice.

martes, 13 de mayo de 2008

Principita

"Que yo, si quieres, te limpio el planeta de baobabs... no dejaré que nadie te haga daño..." Ana Vázquez.

Creo que me has domesticado. Te digo que lo creo porque me da miedo pensar si con todo el tiempo que gasto en ti salgo perdiendo o ganando, o si lo único a lo que aspiro contigo es a la indiferencia.
Supongo que sabrás que si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco. O un mucho. Ya sabes que a mí no tardan en aguárseme los ojos... Que prefiero salir a la calle con las razones medio en pelotas, pero empaparme yo sola las ideas. Mojarme por fuera y por dentro. Y cerrar los ojos; para verte, claro. Dejar que se me humedezcan las mejillas con tus gotas agridulces (porque a estas alturas son más tuyas que mías), hasta calarme las entrañas al recordarte por cualquier tontería. Como lo absurdo de taparnos con tu toalla de playa en medio del paseo y hacer que no nos veía nadie.
No debí haberte recordado en un momento dado y morirme de pena la mitad. Si ya lo sé. Lo jodido es que últimamente se me hace demasiado impredecible. Ni siquiera avisa una inyección de vacío en el pecho de que voy a desbordarme en cualquier momento. Me lleno el vacío de nada...
Tiene que ser por los lazos. Crear lazos transparentes entre tú y yo y esperar a que tires de alguno de ellos, es tensarme las ganas. Tenerlas justo ahí, pero ser incapaz de cogerlas. Es necesitarte, me di cuenta el otro día mientras me decían que lo esencial es invisible a los ojos. Supongo que fiarse de las apariencias es conformarse con ver las cosas a medias. Bellas pero vacías. Y yo, que sigo en el empeño de mirarte con las pupilas del corazón, quiero verlo todo. Y que tú también lo veas todo. Y nada más.

"Lo inevitable ha de suceder, aunque no se pueda entender... lo inevitable es haberte conocido, es querer verte... es vértigo estar contigo..." Lucía Jiménez.

miércoles, 30 de abril de 2008

Dosificarte


Voy a comprarme una patata de segunda mano, de esas que se llevan ahora en el lateral izquierdo para ser calentadas y precalentadas; una y otra vez, pero a pedazos. Como contigo, que siempre tengo que andar dosificándote. Voy a meter mano a las palabras para ver si así, alterando un poco sus sentidos, dejan de limitarse a un único verbo. Porque me ahogo. Tengo un nudo de razones por las que quererte al comienzo del esternón que aprieta fuerte si te tengo a menos de un metro. Aprietas... y diluir el oxígeno en efervescente es la única manera de no atragantarse con las palabras que dejas en el aire.
No es fácil, a veces, intentar estabilizar lo inestable. Pero tampoco lo es desestabilizar el vicio de acordarme de ti una y mil veces cada día, y desestabilizarme yo misma al darme cuenta de que todo tiene que ver contigo y nada es imprescindible cuando te veo por un rato. Mi único pulmón menguando por momentos. Y yo, muriéndome de frío... helándome el alma al ver arder los barrotes que difícilmente frenan ahora mis impulsos cardíacos. Directamente a los tuyos, aunque tú sigas sin ser lo suficientemente consciente de ello... A veces me pregunto hasta qué punto merece la pena atravesarte. Atravesarte con la mirada para que no te des cuenta de que lo estoy haciendo con el corazón. Y partirte en dos. Guardarme una mitad para esos días en los que prefieres no dejar huella, que suelen coincidir con los días en los que más falta me haces. Es inevitable. Supongo que ver más allá de lo que se tiene a escasos centímetros implica que todo lo demás carezca de importancia. Dosifico... la respiración aguanta cuando te echo de menos, lo complicado es cuando te echo de más, y de más, y de más...

“No debí sobrevivir cada pausa de noticias, ¿qué esperabas tú de mí? Adorando las reliquias sin sentido, los recuerdos nunca son si no son compartidos... No debí disimular una vez que descubrí que no me quería marchar, que quería estar ahí...” Tiza.

sábado, 12 de abril de 2008

Sinsentido


No, gracias. Me quedo. Prefiero quedarme ahora que ya entiendo el sinsentido de tu lógica. Prefiero que me engañes. No me importa, de verdad. A estas alturas puedo hacer que no me importe. Que haga daño pero que no duela. Porque me lo haces, lo sabes ¿no? Sí, claro que lo sabes. Lo que pasa es que tú también tienes la manía de hacer que no te importa. Supongo que es una cuestión de principios, que acostumbrarse a cometer un allanamiento de morada en tu cabeza un impar de veces al mes es acostumbrarse a ti. El resto del tiempo la función es siempre la misma. No hay cambios de escena; tú, tú, tú. Ni de atrezo. Yo sigo vestida de títere, como siempre. Como alguien que enreda su vida en los hilos de cualquier otra. Cualquiera menos la tuya. Como dejando que sean tus hilos los que manejen los veintiún gramos que quedan de mi cordura. Ahora pesa más el alma de otras cosas... Y no me importa. Prefiero pensar con el corazón y sentir con la cabeza. Y quedarme con el sinsentido de tus maneras. Que se te despeinen los nervios en el último momento y pretendas contarme la verdad con tu mentira más sincera. No me importa, de verdad. Últimamente me engañan hasta las pestañas. Pesan más que nunca porque he firmado un pacto con ellas para no echarte de menos. Pero me parece que no puedo dejarlo. Me parece que no quiero dejarlo. ¿Cuánto cuesta un te quiero? Te lo compro.

"Cada vez que respiro se te hincha un pulmón... que importa perder o ganar, o reír o llorar si al final me paso el invierno esperando a que pases a verme y no sé bien si besar o matar, o quemarnos vivos en el sofá..." Luis Ramiro.