miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sonrisas


A veces me gusta que me dejes sola. Que me sueltes en una ciudad que no conozco para que pueda dedicarme a contar sonrisas. La chica tímida me propuso una vez un juego. Cuenta la gente que te cruces y que sonría. Uno, cuatro, diez. A ver si las igualas. Menuda estupidez. A mí no me gusta sonreír si no me apetece. Pero tiene su encanto, si te pierdes por calles estrechas vacías de tanta gente. Donde ni siquiera llama la atención que te estés arrastrando en pelotas. Si clavas los ojos en algún desconocido, y te llenas de historias. Te llenas de vidas. Que si cierro los míos y no te veo, me mareo.
Yo ya le digo que n
adie va a fijarse en su sonrisa, si esconde la magia en las distancias cortas.

"And I'm wondering if this a crime, when you passed behind you touch my hits on the better sides... Oh, is this a crime, when I pass your side with a little smile..." Najwajean.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Escarlata

C'est la vie. A veces cierras los ojos y amaneces con un par distinto. Más sinceros. Menos dulces. Como ocurre con las extremidades, cuando las tienes destempladas. Y yo no voy a pedirle a nadie que me caliente las manos. Prefiero escribirte así, en frío. Aunque se me parta el hielo de los dedos. O el del músculo más torpe, que además es rojo. Y a mí no me gusta el rojo. Ni el rojo pasión ni el rojo escarlata. Que ya estás tú para eso, para hacer más de puta y menos de cobarde. La vida puta. Que si nos trata con poco cariño, vamos a hacernos más daño. Que como las palabras se las lleva el viento, yo ya he aprendido a leer entre gestos. Y los puñales por la espalda siguen doliendo igual.

"And I find a kind of funny, I find a kind of sad... when people run in circles it's a very, very mad world." Gary Jules.

sábado, 1 de noviembre de 2008

sandeces


Te busco. Te encuentro. Te rozo. Te toco. Tiemblo. Te abrazo. Te aprieto. Respiras. Respiro. Te respiro. Me ahogas. Me asfixias... me asfixias. Y así sucesivamente. No deberías agitarme por dentro. Mirarme así, de aquella manera, me hace un nudo en las arterias y me doy cuenta de lo pequeño que puede llegar a ser el mundo. Joder, que cada vez que bebo algo me enamoro. Anda, sácame de aquí antes de que me convierta en fantasma. De identidad olvidada y esperanza secuestrada.

"And so it is, just like you say it would be... life goes easy on me most of the time..." Damien Rice.

sábado, 18 de octubre de 2008

Todo se transforma


Simplemente es así. Así de imprevisible e inoportuno. Te das cuenta en el momento en que te acostumbras. A desquererte. A redimirte. A reventarlo todo como en aquella canción de Silvia Penide. Te acostumbras a ordenar todas las putadas en una cajita por si intentan pegártela otra vez.
El silencio a todo volumen. Te acostumbras a gritarlo todo demasiado bajito, en un lenguaje que su músculo izquierdo ha dejado de entender. O que quizás nunca haya comprendido del todo. Tampoco importa eso ahora. Tú te dejas. Enrojeces poco a poco. Y cuando por fin has tocado fondo, vuelve a colarse de puntillas. A ver si suena la flauta o cualquier estribillo ñoño que no necesite cordura. Y tú estás harta de perder el culo por nadie. O por alguien. O por alguna estupidez que no parezca común al resto. Empiezas a sentir el frío de quedarse en pelotas por diecinueve cosas bonitas y quinientas excusas baratas y reciclables. También a eso te acostumbras. A prescindir de todo, incluso de ti misma. Porque cuando tienes cosida una parte de tu vida, cualquier hilo inestable te transforma. Simplemente es así. Las chinchetas se transforman. Y te acostumbras. Te acostumbras tanto, hasta tal punto, que pelarte la cabeza es sentirte más bonita que nunca.

"Besarte sería genial si tuviéramos un buen plan... Un amalgama de palabras, de esas que te emocionan al hablar..." Lantana.

jueves, 2 de octubre de 2008

Alguien Como Tú

Hoy necesito un amigo. Con las cinco letras y los cinco sentidos. Uno que me mime y me diga cosas bonitas. Que me dé un beso en la mejilla y me susurre bajito que ésta también es mi casa, que yo lo he elegido así y que no es un simple capricho. Un simple capricho no te cuesta cuatro ceros y una deuda infinita con tus padres.
Necesito alguien que me sature la línea hoy y que no dé señales de vida mañana para que pueda echarle de menos. Necesito echar de menos. Y saber que está ahí. Que me ha encontrado para cuidarme y que, si hace falta, se descuida por mí. Necesito alguien que me mande un mensaje al móvil cuando he tenido un día de mierda porque no le quedan más pelotas que tragarse los abrazos. Alguien que me haga reír. Que me cuente estupibilidades y su vida en sesenta y cinco minutos. Alguien a quien sea imposible querer en sesenta y cinco palabras...
Necesito alguien que me explique el mundo, el continente y el contenido. Que cambie mi destino con una película francesa. Que crea en las casualidades y me asegure que esto era prácticamente predecible. Que cuando digo que tú y yo teníamos que conocernos, lo digo de verdad.
Hoy necesito alguien que no quiera llevarme de fiesta otro jueves por la noche. Y me emborrache a Nesteas. Alguien que se preocupe más por mi flequillo que por sus rizos rebeldes. Que huela a canela. Que me dé doble ración de buenas noches y me traiga el desayuno a las once. Necesito alguien desorientado que me haga perder el norte. Que me lleve de noche por la ciudad naranja y no sepa cómo volver. Que me haga llorar desde la ventanilla del autobús porque nunca algo tan pequeño ha sido tan grande. Un veintitrés de buena suerte. Mi buena suerte. Felicidades duendecillo.



"Alguien que cuide de mí... que quiera matarme y se mate por mí..." Christina Rosenvinge.

domingo, 21 de septiembre de 2008

verde quierote verde

Hoy ha sido un día frágil; me he partido en pedacitos antes de llegar a los cuatrocientos golpes. Me he quedado mirando mis zapatillas verdes y me han recordado a ti. A tu verde, que no es tan camaleónico como el mío, pero que a veces termina destiñéndose del mismo tono indescifrable. He cogido las tijeras de coser y las he cortado. Así, sin más. El otro día me dijeron que un buen corte de pelo es lo más eficaz para las nuevas etapas. Pero como mi flequillo y yo hemos llegado hasta el punto de sentirnos extrañamente inseparables, me he dedicado a meter mano a mis pies. A bajarlos del único satélite natural que orbita alrededor de la Tierra.
Me han recordado que si no llega a ser por mí, no nos habríamos dado cuenta de que teníamos que conocernos. Porque esto es así. Cuando las conexiones entre mi sinrazón y la lógica producen cortocircuitos, me pasan cosas como ésta. Como la insensatez de mirar a alguien desconocido a los ojos y sentir unas ganas enormes de conocerle. No sé si fue tu guitarra, tu etiqueta de “ciudadana del mundo” o tus gafas de pasta blanca, pero ese día acepté un paseo en pelotas por plena Gran Vía madrileña. Vestidas de ideas desnudas, muriéndonos de frío. Y me lo debes. O te lo debo, porque si te estoy escribiendo ahora es para darle algún punto de quietud a mi conciencia. Y lo peor de todo es que me estoy dando cuenta de todo esto porque hoy ha sido un día de mierda. Empiezas a pensar en todos los abrazos que te faltan y sientes que te ahogas. Que te ahogas si no tienes a alguien que te agarre fuerte. Así que he pensado en regalarte un hilo de los que han quedado colgando de mis zapatillas verdes. Y si ves que me escaqueo, pues me tensas. Y puede que todo quede en un bonito intento (porque soy así, así de terca y obstinada), pero supongo que me dejarás tirar de él cuando al cabo de unos días me dé cuenta de que la he vuelto a cagar. Y bueno, de que te he echado de menos.

"En algún resquicio perdí todo el juicio, soy el paso torpe que te pisa al bailar... no estoy triste, es sólo cierta estupibilidad" Tiza.

viernes, 22 de agosto de 2008

impercepción

Deberías saber que estoy acojonada. Que tus pupilas me están gritando todos los estímulos que tus últimas neuronas cuerdas no se atreven a enviar en forma de palabras a tu boca. A veces la razón termina perdiendo la cabeza. Y no queda nada. No sirve nada con un aporte calórico superior al de la vergüenza. Supongo que eso es mejor que escupir en el retrete todos los múltiplos de siete convertidos en años de mala suerte. La delgadez vomitada en cristales. Mirarte en el espejo y preguntarte cómo coño vas a sobrevivir esta vez a la hoja verde. No darte cuenta de que lo realmente importante es ser capaz de ver en él reflejada tu alma.
Deberías saber que me siento pequeña. Pequeña, sí. Y cobarde. Cobarde creo que también porque empiezo a sudar gotas de impotencia cada vez que intento gesticular un “todo va a salir bien”. Y en realidad sé que todo va a salir bien. Me gustaría pensar que todo va a salir bien. Pero todo se complica cuando te tengo enfrente, te miro por dentro (porque sé que por fuera ya estás harta de que se te claven las miradas de la muchedumbre) y me doy cuenta de que el vacío que queda entre tu corazón y tu pecho es aún más grande que el que soportas unos centímetros más abajo, en tu estómago. Debería darme vergüenza, haberte visto apenas un par de veces en todo el invierno y no ser consciente de todos los kilos de vida que se te ha llevado el frío. Y ahora pesa. Pesa ver dibujada en las líneas de tu mano derecha la vía de escape que han encontrado sus extremidades para ver si así, te adelgazan la vida y merece un poco más la pena. Pesan los gramos de una avería en la percepción que te está consumiendo por fuera y destrozando por dentro.


"Scratch the air when you laugh... squeeze the universe between your fingers, it all fits inside a little boys pocket" Marlango.